Una pareja se besa bajo el agua(EFE)

El amor se aprende, y no tiene nada que ver con lo biológico o lo natural.

¿Podemos amar si no hemos sido amados? ¿Hay personas incapaces de querer? ¿Por qué se tiene miedo al amor? ¿A quién se teme, al otro o al deseo propio? ¿En qué se diferencia el enamoramiento del amor? ¿Por qué surgen los celos incontrolables? ¿Se puede perdonar una infidelidad?
Sobre éstas y sobre otras muchas preguntas reflexiona la psicóloga y psicoanalista Isabel Menéndez en su libro "La construcción del amor", editado por Espasa, con la autoridad que le dan una práctica clínica de 30 años y un trabajo de divulgación que le ha valido un premio del Colegio de Psicólogos.

LA VERDADERA LIBERACIÓN ES CONOCERSE.

Poniendo por escrito, en un lenguaje ameno, algunos de los casos que ella ha tenido que tratar, ha buscado "dar

"Nos conviene saber que la persona a la que amamos siempre nos va a decepcionar en algo"

algunas pinceladas de un psiquismo que es mucho más complejo", dice en una entrevista con Efe, y despertar el interés por el conocimiento de uno mismo, porque "hay mucha gente -advierte- que nunca puede disfrutar de lo que tiene" y "la verdadera liberación es conocerte".

"La construcción del amor" pretende como primera cosa transmitir que "el amor se aprende" y que "no tiene nada que ver con lo natural o lo biológico".
"El amor es una construcción psíquica que tiene mucho que ver con el deseo y que se organiza en los primeros cinco o seis años, cuando se desarrollan las identidades y las identificaciones que hayamos hecho con el padre y la madre", explica esta autora.

Una madre juega con su hija pequeña(EFE)

Una madre es mejor o peor dependiendo del espacio que deje a su hijo para construirse como ser humano.

Después, en la adolescencia, todo se mueve, pero en la infancia organizamos psíquicamente nuestras elecciones amorosas, y la familia es "la base donde se construye el modo en que vamos a relacionarnos con nosotros mismos y con los demás", dice Menéndez.
De ahí la importancia de cómo hayan sido esas tempranas relaciones con nuestros padres, con nuestros hermanos y con todas las personas allegadas a nosotros.

En ese sentido, cabe decir que, si bien no existe la madre perfecta, será "suficientemente buena" explica esta psicóloga, aquélla capaz de darle a su hijo las muestras de afecto que le permitan desarrollarse armoniosamente: "Una madre es mejor o peor dependiendo del espacio que deje a su hijo para que se construya como ser humano, más allá de su cuidado y protección", afirma.

Si ha habido sobreprotección por parte de la madre, habrá sido "el efecto de un sentimiento de abandono" que tuvo en la infancia: "La niña desamparada que lleva dentro tiene miedo siempre, y ve a sus hijos como seres indefensos, sin recursos para salir adelante", pero, avisa esta experta, esa sobreprotección sólo favorecerá la sobredependencia de ellos y el que no puedan tomar decisiones propias.

Los ataques de hambre en ciertos desórdenes alimenticios en edades más adultas pueden ser indicio, en cambio, de hambre de amor de la madre, y los vómitos, un intento de expulsar algo que psicológicamente no podemos digerir.

En cuanto al padre, "es un referente para la construcción de la identidad sexual" y su función, más relacionada con

En la sociedad de hoy, hay algo que va en contra del amor, porque "el flechazo va rápido, pero el amor necesita tiempo"

la psicología que con la biología, consiste en acompañar ese crecimiento protegiendo a los hijos pero, a un tiempo, poniéndoles reglas y límites que les hagan crecer con autoestima e interiorizar una moral.

"Cuando la función paterna ha tenido graves alteraciones, la feminidad y la masculinidad se viven manera conflictiva", y ejemplo de ello es lo que le costará a una hija identificarse con su madre devaluada o maltratada por el padre, dice Menéndez, responsable desde hace diez años de la sección de psicología del suplemento semanal "Mujer Hoy", del Grupo Vocento, y autora de títulos como "Relatos clínicos", "Alimentación emocional" o "El equilibrio emocional".

MIEDO AL COMPROMISO Y AL ABANDONO.

Una pareja frente al mar(EFE)

En la pareja hay que poder estar solos, que ser dos, para luego poder compartir y ser como un uno.

Y, ya como personas adultas, ¿a qué miedos nos enfrentamos cuando estamos tratando con el amor? Pues, principalmente, "al miedo al compromiso, al miedo al abandono, a que invadan nuestra intimidad, y a perder la libertad", por lo que tiene bien comprobado esta experta psicóloga, a cuyo consultorio llegan unas cien cartas semanales con las preocupaciones de la gente.

Como primera medida, "nos conviene saber que la persona a la que amamos siempre nos va a decepcionar en algo", advierte la autora, para quien tal cosa no es algo malo, y lo que ocurre es que, para seguir creciendo como individuos, debemos tener bien presente que la pareja la componen dos, y dos bien diferentes.
Dos, que lo mejor que pueden hacer para que ese motor de la vida que es el amor se mantenga fresco y fragante, es alimentarse cada uno lo más independientemente posible, y luego compartir con su pareja eso que ha sabido cosechar por separado.
"Tienen que poder estar solos, ser dos, para poder estar juntos, para poder ser como un uno".

"El adulto tiene que aprender, por ejemplo, que cuanta más tolerancia tenga consigo mismo, incluso con sus defectos, más tolerante será con el otro, menos miedo tendrá a amar y más gratificante le resultará la vida".

"El enamoramiento es disfrazar al otro con lo que uno quiere, pero en el amor hay que dar", dice igualmente Isabel Menéndez, que, para cuando comienzan los reproches y la pareja empieza a ir mal, aconseja "preguntarse qué le pasa a uno, y no echar al otro la culpa, que es algo que solo oscurece la relación".

"Lo importante es asumir el propio deseo y jugártela primero contigo mismo conociéndote lo más posible y sabiendo lo que de verdad deseas, porque, además, cuando uno se hace cargo de su deseo, por lo general también se la juega por el otro", explica.
"Hay que pararse y reflexionar, porque por lo general exigimos demasiado, tenemos mucha dependencia. Necesitamos demasiado al otro y nos molesta que se mueva de forma diferente a como esperamos", cuenta.

Sobre los celos, que tanto perjudican las relaciones amorosas, opina esta psicóloga que suelen tener que ver con un bajo concepto de uno mismo, y van desde los proyectados, en los que el celoso refleja en su pareja lo que no quiere reconocer en sí mismo, y los delirantes, donde crea situaciones con las que seguir alimentando su fantasía de infidelidad.

"El adulto tiene que aprender, por ejemplo, que cuanta más tolerancia tenga consigo mismo, incluso con sus defectos, más tolerante será con el otro, menos miedo tendrá a amar y más gratificante le resultará la vida".

EL AMOR NECESITA TIEMPO.

En la sociedad de hoy, considera esta psicoanalista, hay algo que va en contra del amor, porque "el flechazo va rápido, pero el amor necesita tiempo", y hoy, dice, "la sociedad quiere mucho y muy rápido pero aguanta cada vez menos frustraciones".

"Hay gente incapaz de amar, muy narcisista, y hay mucha gente que tiene miedo a amar y que puede optar por la soledad o por saltar de pareja en pareja, quedándose sólo con la primera parte de la relación por temor a sufrir mucho y a perder libertad".

A estos esta psicóloga les diría que son "prisioneros de conflictos que no les dejan alimentarse con el otro" y que "tienen miedo por razones psíquicas inconscientes", pero les alentaría a mirar para adentro para poder aceptar las limitaciones y los deseos propios, "porque es ahí donde está la verdadera fuerza del yo adulto".

"¿Por qué tenemos miedo a investigar lo que es nuestro? El conocimiento personal disuelve el miedo y hace disfrutar más de la vida", afirma rotunda Isabel Menéndez.